Tras los comentarios sobre el "milagro chino", ahora le toca el turno a Irlanda. Thomas Friedman ha publicado un artículo en The New York Times, The End of the Rainbow, donde explica las causas del cambio radical que he llevado a Irlanda de ser un país pobre en 1960-70 (tras siglos de penurias) a ser el segundo país europeo en renta per cápita. El inicio del proceso está en la ayuda financiera de la UE, pero lo realmente relevante fue como se gastaron estos cuantiosos fondos. Ramón Sangüesa comenta el artñiculo en Reflexiones inseguras y pone de manifiesto como las claves del éxito irlandés contrastan con el caso español.
Friedman acaba su artículo con una receta simple:
- Make high school and college education free;
- make your corporate taxes low, simple and transparent;
- actively seek out global companies;
- open your economy to competition;
- speak English;
- keep your fiscal house in order;
- and build a consensus around the whole package with labor and management
then hang in there, because there will be bumps in the road - and you, too, can become one of the richest countries in Europe.
Y ahora reflexionemos un poco sobre comparaciones odiosas. Hace unos meses en Galicia
se abrió un cierto debate en los medios de comunicación sobre el modelo irlandés y su comparación con el caso gallego. La pregunta era clara: Irlanda y Galicia son similares en tamaño y población (y hasta comparten una cierta leyenda de un origen celta :-), las dos han recibido grandes ayudas económicas de la UE durante décadas y ... los resultados han sido radicalmente distintos. Irlanda se ha convertido en la vanguardia de Europa mientras Galicia sigue en el furgón de cola (y sólo remonta algo su renta per cápita por razones demográficas).
El debate, desde mi punto de vista, fue estéril. Todos los comentarios parecían coincidir en que si Irlanda lo consiguió, Galicia podía hacer lo mismo. Mi opinión es totalmente contraria. Lo que hizo Irlanda lo sintetiza Friedman. ¿Ha hecho Galicia alguna de esas tareas? No.
En nuestro caso, las inversiones se han dirigido básicamente a crear infraestructuras y subsidiar sectores poco innovadores y con escaso futuro. Como ejemplo, mientras en Irlanda las infraestructuras internas siguen siendo muy escasas (viajar de Dublín a la costa oeste es aún hoy en día toda una aventura), sus conexiones con el resto del mundo son muy buenas (lo que les permite desarrollar redes logísticas eficientes y faciliatr los flujos internacionales de trabajadores cualificados). En Galicia, tenemos extraordinarias carreteras, autovías y autopistas interiores que conectan sitios con escasa actividad económica (que no precisan de ese despliegue, por muy cómodo que nos resulte), pero sigue siendo una aventura el transporte al resto de España (excepto quizás a Madrid, desde hace poco tiempo) y a destinos internacionales. Y eso en las infreaestructuras (la clásica obsesión española), no hablemos ya de educación, impuestos, transparencia, competencia, etc.
Y he centrado el comentario sobre Galicia, pero creo que se podría extender a buena parte del territorio español. Y aún pensamos que si Irlanda lo hizo nosotros también podemos: ¿cuándo?, ¿con que financiación (ahora que ya se ve el final de los fondos europeos)?. Debemos empezar a buscar ejemplos de países que se han desarrollado sin ayudas externas (que los hay), por que ese es el ejemplo que nos puede ser útil en los próximos años.
