El mundo del arte y el de las tecnologías no suelen mezclarse demasiado. Pero, en ocasiones, los artistas descubren los usos expresivos de nuevas tecnologías y, en otras, la tecnología viene en ayuda del mundo del arte para permitirle mejorar cuestiones con la autentificación de obras.
Acaban de publicarse dos ejemplos de este tipo de relaciones entre arte y tecnología. Por una parte, una noticia del último número de Nature (In the hands of a master) nos descubre como el pintor expresionista abstracto Jason Pollock utilizó los fractales en sus famosos "poured paintings" a medidados del siglo XX, antes de que se describieran matemáticamente por Benoit Mandelbrot. Esa es una de las principales conclusiones del trabajo del físico y teórico del arte Richard Taylor, de la Universidad de Oregon. La noticia surge por que, tras aparecer un buen número de cuadros de origen incierto pero que intentan atribuirse a Pollock, se le ha encargado a Taylor el análisis de la autenticidad basado en la estructura fractal de las obras. Los resultados, que han permanecido ocultos por años para evitar efectos catastróficos en los mercados de arte antes de su confirmación definitiva (corroborada por estudios complementarios, por ejemplo utilizando análisis de materiales), indican que las obras tienen una estructura fractal pero en una escala que no es carcaterística de las obras de Pollock.
Por otra parte, Wired News (Artists burnish RFID's image) explica como las etiquetas RFID, además de su uso comercial (por ejemplo Wal Mart planea utilizarlas de modo masivo para trazar sus productos), están empezando a ser usadas en instalaciones artísticas. Muchos de estos nuevos usos están inspirados en las propuestas de Bruce Sterling, que lleva ya un tiempo evangelizando sobre los spimes, objetos que pueden ser monitorizados en el espacio y el tiempo utilizando RFIDs. Ahora artistas como Meghan Trainor incluyen RFIDs en los objetos más diversos (e incluso en animales) de forma que pueden interaccionar con el observador generando respuestas audiovisuales. Dado el temor a la pérdida de privacidad que ha creado el uso comercial de las RFID, la empresas del sector han abrazado estas nuevas iniciativas artísticas como una forma de lavar la cara de esta tecnología y promover una nueva imagen entre el público.






