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02 noviembre 2007

La importancia del fracaso o porque Homer Simpson no tenía razón

Failure Sucks But Instructs. Esta es la idea que defendía Bob Sutton hace unos meses en su blog en Harvard Business Online. Homer Simpson parece opinar lo contrario. ¿Con qué postura nos quedamos? Basta observar el comportamiento de buena parte de nuestros líderes políticos, sociales o empresariales para entender que son seguidores (no reconocidos) del “club de Homer”. Y, por supuesto, la mayoría de aquellos que siguen, forzada o libremente, a esos líderes actúan (y piensan) del mismo modo.

Pero, ¿cómo pueden estar tantos tan equivocados?, ¿por qué es tan importante el fracaso? Sutton utiliza la viñeta de Homer Simpson para explicar (Learning from Success and Failure) que solo se pueden aprender las claves del éxito a través del ensayo y el error que, invitablemente, nos lleva a fracasar repetidamente hasta acabar acertando. Pero, igualmente importante es asumir el fracaso como un experimento y saber analizarlo para extraer consecuencias. Si lo ocultamos a los otros y a nosotros mismos, estamos perdiendo una oportunidad.

El fracaso (a al menos aceptar su posibilidad) es necesario por dos razones básicas. Primero, por que si necesitamos aprender es por que no contamos con todas las respuestas y por tanto no disponemos a priori de la claves que nos aseguren un éxito. Por tanto, sólo es posible aprender si probamos y el ensayo siempre incluye una probabilidad elevada de error, de fracaso. Alternativamente, para evitar el fracaso podemos optar por no hacer nada. Pero esta parálisis es, tal como Sutton señala, un fracaso en si mismo. Posiblemente el peor de todos los posibles, por que no nos proporciona ningún tipo de aprendizaje. En segundo lugar, existen evidencias que apuntan a que contamos con mecanismos psicológicos por los que el fracaso genera reflexiones más profundas (y productivas) que el éxito.

Siempre ha sido así, pero en la era digital, además, la necesidad de innovación y creatividad, la ausencia de barreras a la distribución de conocimiento y los bajos costes de creación (una tendencia que empieza a trasladarse de lo intangible a lo tangible) hacen que la forma más eficaz y eficiente de ensayar una idea es ponerla en práctica. Es abrirla y ponerla a prueba de los usuarios. Pasar del “laboratorio”, los ensayos a escala y los grupos focales a los “experimentos” de escala 1:1 que propone Bruno Latour. Bob Sutton analizó esta cuestión (The Prototyping Process: How It Has Evolved on the Web) utilizando el caso de Guy Kawasaki con su proyecto Truemors.com.

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